n principio, los griegos hacían sus casas con adobes. Se construían unas junto a otras desordenadamente, y el número y la distribución de las habitaciones obedecían a los accidentes y extensión del terreno del que disponían. La luz se obtenía a través de las ventanas y claraboyas sin cristales, situadas a una altura que protegía la intimidad familiar de la vista de los viandantes.
A menudo un patio interior proporcionaba luz y aireación a las habitaciones que daban a él. Las paredes exteriores eran tan vulnerables que los ladrones preferían agujerearlas antes que forzar la puerta de entrada.
No eran casas demasiado cómodas ni agradables, pero eran suficientes para satisfacer las necesidades de sus inquilinos que, generalmente, pasaban la mayor parte del día fuera de la casa, en los grandes espacios públicos al aire libre.
En el siglo IV a. C., los cambios políticos y económicos de las ciudades motivaron que los ciudadanos se desentendieran de los asuntos políticos y no participaran tanto de la vida de la calle. Por esto, cada vez hubo más demanda de comodidades y espacios en el interior de las viviendas.
Finalmente, en época helenística, las casas se hacen más lujosas. Las casas de los ricos están hechas a base de materiales nobles.
En la casa griega, las habitaciones se distribuyen alrededor de un patio interior. Las salas dedicadas a recibir visitas constan generalmente de un vestíbulo y de un comedor, y suelen estar en la parte más accesible de la casa. El nombre de estas habitaciones, andron (ajndrwvn), significa ‘apartamento de los hombres’, puesto que las mujeres y los niños ocupaban las habitaciones (gineceo, gunaikwvn) más alejadas de la calle, o estaban en el piso superior.
Los muebles no eran complicados, y servían para una vida social relativamente simple. Había baúles y divanes para comer o dormir indistintamente. El qrovno" era un asiento honorífico, reservado al dueño de la casa o al huésped más distinguido. La mesa en que se servían las comidas era una especie de velador (travpeza).
En los barrios populares la mayoría de las casas era muy pequeña y tenía solamente una planta baja con dos o tres minúsculas habitaciones. Los alimentos se cocinaban al aire libre, sobre un brasero, pues parece que hasta el siglo IV a. de C. las casas carecían de cocina
Conocemos las viviendas griegas de época clásica gracias a los testimonios literarios principalmente referidos a la ciudad de Atenas, y concretamente son comentarios de casas de clase media y alta.
En primer lugar, la casa tenía una puerta exterior (πρόθυρον) que daba acceso a la puerta de la casa. En el πρόθυρον podía haber un portero (θυρωρός) controlando la entrada, como relata Platón (Protag. 314c) sobre la casa de Hipias. A continuación estaba la puerta que daba acceso al patio (αὐλή) de la casa (ἡ αὐλεῖος θύρα), también citada por Platón (Symp. 212c).
Al parecer el patio (αὐλή) estaba flanqueado por una columnata tras la cual se hallaban los dormitorios y habitaciones de distintos tipos. Dicha columnata no recibía en esta época el nombre habitual de περίστυλον, cuya primera aplicación se debe a Diodoro. En el patio (αὐλή) había un altar para ofrecer sacrificios, como indica Platón (Rep. 328c).
Entre las distintas habitaciones que rodeaban al patio se encontraba el ἀνδρῶν -ῶνος, en origen una habitación para el entretenimiento de los invitados varones, como aparece en Esquilo (Cho. 712). A menudo parece que fue usada como habitación para cenar, como parece deducirse de Aristófanes (Eccl. 676) y sobre todo de Jenofonte (Sympos. 1,13)
El παστάς -άδος refiere una habitación de la casa cuya función no es clara, sobre todo por la polisemia que manifiesta en los autores: a menudo parece indicar un pórtico, pasaje con pilares o columnatas… En los autores tardíos parece más bien un sinónimo de θάλαμος o habitación nupcial. Vitrubio (6,10) describe un hueco en la casa con columnas in antis, llamada tanto προστάς (cf. lat. postis) como παστάς (scil. παραστάς).
Respecto a la posición de las estancias de hombres (ἀνδρωνῖτις) y de mujeres (γυναικωνῖτις) en la casa, es interesante lo que Isómaco dice a Sócrates que explicó a su mujer cuando enseñó a ésta su casa (Xen. Oec. 9,4):
«[...] y le iba mostrando las estancias para hombres, bellamente decoradas, frescas las del verano, cálidas las del invierno. Y le mostré que la casa entera estaba orientada hacia el sur [...], y le enseñé las estancias femeninas (γυναικωνῖτις), limitadas mediante una puerta con cerrojo (θύρα βαλανωτή) con las estancias masculinas (ἀνδρωνῖτις), para que no se pudiera sacar de dentro nada que no fuera necesario»
Al parecer una puerta consistente separaba las estancias masculinas de las femeninas, pero la mujer tenía libertad para moverse por la casa y compartir el patio, por ejemplo. Las estancias femeninas ocupaban habitualmente el piso superior (ὑπερῷον) (cf. Eur. Phoen. 89; Ar. Eccl. 693; 961; Lys. I,9).
Es precisamente Lisias en este discurso quien cita la θύρα αὐλεῖος, que hemos descrito como puerta entre el patio y la calle. Pero también habla de una μέταυλος θύρα. Del pasaje de Lisias deducimos que la mujer hacía ruido de puertas (αἱ θύραι ψοφοῖεν) al pasar del ἀνδρωνῖτις (que a la sazón ocupaba) a la calle, ergo la θύρα μέταυλος debía hallarse entre alguna parte del ἀνδρωνῖτις y la θύρα αὐλεῖος. Se ha pensado que el significado μέταυλος es ‘más allá del patio – puerta de detrás del patio’, es decir, que la puerta se hallaba situada en la parte trasera del patio, entre los apartamentos de la mujer (γυναικωνῖτις) y el patio (αὐλή).
En conclusión, el γυναικωνῖτις refiere ciertas habitaciones aparte para uso exclusivo de mujeres y esclavas femeninas, distintos de aquellos ocupados por el hombre, llamados ἀνδρωνῖτις. Ambas partes estaban separadas entre sí por una gran puerta, llamada θύρα βαλανωστή.
Finalmente, los testimonios también indican que el γυναικωνῖτις se ubicaba en el piso superior, llamado πύργος, ὑπερῷον, διήρες, al que se accedía mediante una empinada escalera.
Aquí tenéis el esquema ideal de la casa griega de esta época, de un solo piso y con la distribución que hemos descrito. La he sacado de un interesantísimo libro, tesis doctoral de Bertha Carr Rider, The Greek House. Its history and development from the Neolithic period to the Hellenistic age, Cambridge University Press, London 1916. Espero que aproveche esta información.

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